Freelancers #05: María José Moirón

Majo y Violeta se conocieron hace no mucho, en una lectura que organizaron las chicas del taller de escritura de Marina Mariasch, del que Majo es parte y al que Violeta fue invitada a tocar. Fue una linda tarde y el inicio de algo que continuó más adelante, cuando Violeta devolvió la invitación una noche en el Quetzal. Ya veremos como sigue eso. Mientras tanto, acá va Majo reflexionando sobre los picos y las crisis de la siempre incierta vida del freelancer.
Hola Majo. ¿Cuánto hace que trabajás freelance?
Yo no elegí esto. Mucho menos responder esta pregunta. Si tuviese que elegir, apenas Violeta lanzara esta pregunta, yo saldría corriendo y correría lejos, por la ruta, por las montañas, lejos a un terreno que no tuviera nada que ver, que funcionaría totalmente distinto. De repente veo un campo en un foto, una laguna, una familia comiendo, sin trabajar, sólo comiendo, en la foto no importa si trabajan o no, los platos son sencillos pero la combinación, la mezcla del rejunte es perfecta, y pienso que perfectamente podría ser ellos. Hace unos días probé la tarea de encarar un trabajo en relación de dependencia. Creo que el discurso ante los demás es la peor perdición, pero también inevitable. El nuevo trabajo: las ventanas estaban cerradas por el aire acondicionado y yo sentía que me asfixiaba. Pensé en la idea de pasar tanto tiempo en un lugar con gente que no conocés. Al mismo tiempo sentí que era una pendeja malcriada, al mismo tiempo sentí que yo ahí perdía el tiempo, que los trabajos en relación de dependencia deberían ser más económicos, porque mucho tiempo del que uno pasa ahí no esta haciendo nada, a veces pasa eso. Al mismo tiempo pensaba que a mi me gusta trabajar, me gusta que me encarguen cosas para hacer y hacerlas de forma eficiente, y correr, y ejercitar mi mente como si las neuronas anduvieran en bicicleta, y decirle a mi novio que estoy cansada, poder estar cansada, me encanta cansarme. Trabajo free lance hace ya creo que dos años, pero nunca me casé con el free lance, siempre lo vi como algo momentáneo. De hecho siempre pedí prestadas facturas porque pensaba que la situación iba a ser distinta, que iba a encontrar un trabajo más acorde a mí. Sé, por mis preferencias, que no puedo vivir de lo que me quiero dedicar. Esto por un lado me tranquiliza y ya lo tengo más que aceptado, pero sigo sintiéndome triste a veces al respecto. Lamentablemente con la plata del freelance algunos meses no me alcanza, y ahora lo que quiero es conseguir un trabajo fijo part time (estas palabras tampoco entiendo de dónde salieron, tampoco las elegí) para dejar de preocuparme por la plata (porque en eso sí que me aburre mucho pensar, me parece poco interesante); y después complementarlo con mis proyectos personales como escribir, filmar, armar tratamientos para productoras, fotos para moda, lo que salga. También pienso que en algún momento quiero ser actriz. Por otro lado fue una decisión que tomé porque mi novio vive en el campo y yo quería poder tener la libertad de irme para allá y volver con él, lo cual también lo convierte en una necesidad para poder mantener mi relación con mi novio en pie y poder vernos más seguido. Con respecto al trabajo y cómo va cambiando mi estructura independiente, las cosas no sé si las decido así como racionalmente sino más bien desde un lado más inconciente. Creo más en eso.
¿Cómo organizás tu día?
Soy bastante responsable, me gusta la puntualidad, el orden en las tareas (no en mi ropa ni en mi escritorio). La culpa me despierta a las ocho de la mañana puntual, a lo sumo ocho y media. Cuando mi novio esta en Buenos Aires trato de quedarme en la cama con él pero no puedo por demasiado tiempo, soy inquieta, necesito moverme. Desayuno lo mismo todos los días, tostadas con queso, té, yogurt, granola. Contesto mis mails, busco trabajos, expando mis contactos y me voy a pasear a mi perro Berlín. Paseamos más o menos una hora cuarenta y cinco minutos todas las mañanas, vuelvo y me pongo a escribir. Trabajo textos o escribo o trato de escribir nuevos si no tengo ningún trabajo, mientras pienso ideas, y sino me pongo a escribir tratamientos o organizar producciones para poder liberarme en un buen horario. Al mediodía paro y almuerzo al aire libre, en el jardín o afuera, le doy bola a mi perro, le juego, y generalmente trámites, reuniones, o las clases con Marina, las tengo después del mediodía. A partir de ahí los días no son todos iguales pero si puedo volver, me encanta tratar de escribir o trabajar a eso de las 6, 7 de la tarde, o ver películas en Cuevana como a todo el mundo. Siento que estando en mi situación más bien aislada, tengo que actualizarme por mi cuenta y eso me encanta, nutrirme un poco. Pero a veces también veo a mis amigos.
¿Para cuántos lugares trabajás ahora?
Ahora es una palabra medio ambigua en este caso, todos los días cambian en este momento. Hoy pensaba que ser free lance es un sufrimiento porque es perfecto. Pero tampoco estoy como para desarrollar esta idea. Lo que sí sé, es que me gusta elegir a la gente que tengo cerca, la gente es todo y si la gente no te inspira, no te provoca nada, no está bueno.
¿Cuál fue el trabajo más extraño que te encargaron?
Me ha pasado mucho de entrar en algún trabajo free lance y pensar que es una cosa y que termine siendo otra. Una vez mi hermana más grande me llamó y me dijo para hacer un trabajo en la organización de un evento de una revista de arte. Me lo explicó de una manera maravillosa, con fuego artificiales y todo. Yo iba a estar en contacto con varios artistas y armar el evento. Cuando fui, terminé siendo promotora, lo cual tampoco esta mal pero las expectativas eran otras. Los mejores trabajos que hago no son exactamente los que son remunerados económicamente. El año pasado con Marina hicimos un documental, y fue un trabajo intenso, que me copó. Nos metimos en casas de familias, y documentamos su cotidianeidad. Nos dimos cuenta que se puede filmar algo con muy poco. Te sentías un espía, alguien que estaba violando las reglas, porque nadie te deja entrar a ver las cosas tal cual son, todos colgamos cositas en Facebook pero la realidad es otra, mucho más rica. Buscábamos detalles basándonos en su novela y la mirada fue interesante porque nos dimos cuenta que había riqueza por muchos lados. Generalmente me copo más con proyectos de bajo presupuesto que con los más gigantes.
¿Cuánto fue lo máximo que estuviste sin trabajo?
Creo que fueron dos meses, aunque algo chiquito hice, pero muy chiquito. Fue el año pasado, y me las arreglé huyendo de esta ciudad tan cara bastante tiempo. Por suerte, el tiempo anterior a esos meses parados tuve muchísimo trabajo y tenía algo para bancarme. Me fui al campo con mi novio, allá se gasta poco, y nos fuimos al sur y la pasé espectacular. Volver se me hizo difícil, porque sabía que con el freelance solo ya no me bastaba pero tampoco sabía cuál era la solución. Sigo sin encontrarla del todo, pero me alegra pensar que tengo mucha energía. Creo que estoy en una época en donde recién estoy aprendiendo lo que no quiero y todavía me falta mucha definición, más allá de que nunca vaya a ser exacta. Ser free lance también es bueno porque remite mucho a la constante crisis. Tenés momentos espectaculares y después otros en donde estás hundida en un pozo y eso te lleva a plantearte muchas cosas y llamar a la crisis y yo creo en el poder de la crisis, las crisis provocan transformación y a mi eso me encanta. No plantearte nada sería aburridísimo, me decía una amiga hace no demasiado.
Si pudieras elegir: ¿cuál sería tu dinámica de trabajo ideal?
A mí me gustaría trabajar muchísimo más de lo que trabajo, todos los días de la semana. Me gustaría despertarme a la mañana, desayunar lo mismo que desayuno, estar un poco más apurada, pasear a Berlín y tener mucho trabajo desde casa hasta las 5 de la tarde, ponele. Más que armando producciones, me gustaría más seguir escribiendo monólogos, tratamientos y guiones pero en un nivel más intenso. Ganar lo suficiente y ahí tomarme un descanso, y que a partir de ahí pueda dedicarme a lo mío a mis proyectos de bajo presupuesto, a filmar cosas con gente interesante, escribir, ir al taller y organizar mis vacaciones cuando yo lo deseé, que tampoco es algo que desearía tener todo el tiempo, sí alguna escapada al campo, pero me gustan las responsabilidades y sentirme útil y práctica constantemente, carburar la mente. Dormir poco y no preocuparme por la plata, como a todo el mundo supongo.
¡Gracias Majo!
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