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Exiliados #12: Marina Yuszczuk, por Diego Trerotola


Antes que nada, un anuncio: hace algunos días en la mesa de un bar nuestro amigo Diego Trerotola nos comentaba que conocía algunos buenos personajes para nuestro blog, y la idea se cayó de madura: “¿no querés ser el primer programador invitado de
Los caracteres?”. Por suerte aceptó, así que nos damos el lujo de tener a una de nuestras personas favoritas de todo el mundo colaborando con nosotros. La idea, a partir de ahora, será abrir un poco más el juego, incorporando amigos que nos presenten nuevas personas a las que nosotros desconocemos. La decisión se apoya en dos motivos: primero, llevar al extremo la idea que nos rige: cualquiera puede contar una buena historia, no sólo nuestros conocidos; y segundo, liberarnos un poco de la presión de tener que subir algo nuevo todos los días, que ya se estaba volviendo una carga imposible de afrontar (como quedó demostrado la semana pasada, en la que anduvimos medio desaparecidos). Dicho esto, vamos con la historia de Marina, recolectada gentilmente por Diego.

Dejó atrás una carrera prometedora como divemaster en Bahía Blanca para bucear en Buenos Aires en su veta de crítica de cine, que a pesar de haber sido una carrera impensada para ella es indispensable para quienes la leemos. También, en su exilio porteño, Marina Yuszczuk se hizo fan de 107 Faunos y El mató a un policía motorizado y adicta a los estrenos de los jueves. Lo que siempre siguió igual, antes, después y durante sus viajes de ida y vuelta, es que escribir poesía es su metier más instintivo y reflexivo, si vale esa contradicción. Mientras prepara su primer libro de poesía, publica con regularidad en Lo que la gente hace, su blog que le permite escribir desde donde sea.

Hola Marina. ¿De dónde sos?

Soy de Bahía Blanca, bah, aclaración: nací en Quilmes y viví hasta los siete años en Wilde, partido de Avellaneda. Entonces a mi papá lo trasladó la empresa y nos fuimos todos a Bahía. Fue traumático en serio: esa vez yo no decidí nada, tuve que cambiar de escuela y con mis hermanos nos empezamos a portar re mal. Después de grande me di cuenta de que estuvo rebueno crecer en Bahía porque es muy tranquilo. Pero hace dos años y medio elegí venirme a Buenos Aires, hace rato que tenía ganas. Vine porque sí: me parece una razón zarpada para hacer las cosas, si te podés dar ese lujo. Buenos Aires siempre me dio sensación de aventura, todavía me da; ahora pienso que Bahía se me había vuelto muy igual y muy chiquita. Me vine en micro (obvio que me largué a llorar ni bien arrancó y mis papás se perdieron de vista, pero estaba recontra-entusiasmada) y atrás vino el camión de la mudanza con todas mis cosas.

¿Te encontraste con algo muy diferente a lo que esperabas?

No tanto porque yo venía seguido, pero claro que no es lo mismo estar acá. Antes cuando venía visitaba a mis amigos bahienses que se mudaron antes, después me hice amiga de porteños también y otros exiliados. ¡Todos son freelancers! Eso fue una sorpresa, la vida que lleva la gente de mi edad acá; por supuesto que en Bahía no existe ser freelancer, ni la palabra. Todavía me llama la atención que la gente tenga muchos trabajitos, y ahora yo también estoy en esa, claro, ah, y todos somos un poco periodistas. Otra cosa nueva es que nunca fui tanto a comer afuera como desde que vivo acá, en Bahía jamás fui a comer afuera con mis amigos, sé que suena raro pero es así. No se usa tanto, más bien nos juntábamos a cocinar en la casa de alguno. Acá podés ser amigo de alguien y no conocer la casa, es medio raro. Al principio me desesperaba que me dijeran tan seguido “vamos a comer algo” porque gastaba muchísima plata, ahora medio que lo tengo incluido en el presupuesto. En Buenos Aires no te podés mover sin gastar plata.

¿Cómo fueron los primeros días?

Fueron lindos, porque ni bien llegué, que fue un lunes, empecé a cursar en la escuela de crítica El Amante. Me acuerdo que salí de cursar cuatro horas, me tomé el colectivo y pasó por el Obelisco, después por Plaza de Mayo. Ahí dije, ¡uau! Para mí siempre había sido turismo ese paisaje, nada tan cotidiano. Al otro día llegó el camión de la mudanza, estuve ocupadísima. Después sí, cuando estuve instalada se puso medio feo. Los primeros meses me angustiaba un montón, lloraba mucho; por ejemplo cuando cumplí años y mi mamá me mandó una torta en un paquete que fui a buscar a Retiro, eso fue rebizarro. Mi primer cumpleaños sin mi familia.

¿Cambiaron mucho tus costumbres?

No tanto, porque como estuve encerrada todo este tiempo terminando una tesis… pero sí me acostumbré a Buenos Aires, eso cambió. Al principio salía a la calle y miraba todo, me cansaba porque estaba todo el tiempo sorprendida, leía los carteles, me costaba esquivar a la gente, eso a la larga es insoportable. El subte es lo que más me llamó la atención, siempre, pero ahora lo tengo súper automatizado. Es una diferencia física muy grossa moverse en una ciudad grande, también aprendí a estar medio alerta porque por supuesto que me robaron dos veces en el primer año. Ahora soy más ninja en ese sentido, o sea tengo más unagi, y además como más variado: peruano, chino, árabe, empanadas buenísimas, mangos gigantes del mercado de San Telmo. Lo que extraño es la bici, que la dejé en Bahía porque acá no me animo, sobre todo por las avenidas. Tampoco camino mucho, como hay colectivos y subtes que te dejan en todos lados (amo el sistema de transportes de Buenos Aires, me parece genial). Lo que más cambió es que dejé de hacer buceo y en cierta forma lo cambié por el cine. Como las playas buceables me quedan súper lejos (Las Grutas, Madryn) y sale muy caro viajar, hace dos años que no buceo; había llegado hasta la mitad del curso de Divemaster y lo dejé, eso me dolió bastante. Por suerte encontré una pileta relinda en el barrio y me puse a nadar enseguida. Pero a cambio de eso, acá me hice cinéfila porque empecé a ir muchísimo al cine. Bueno y también crítica de cine, que es algo que jamás me había imaginado.

¿Con qué frecuencia volvés de visita?

Uy, ahora hace seis meses que no voy, es re feo. No voy seguido, ir y volver en micro sale más de 500 pesos. El tren es rebarato pero tarda 14 horas, hay que tener ganas. Igual me encanta ir en tren, fui un par de veces. Podés caminar un poco y hay un vagón comedor medio roto donde venden cerveza y café con leche. Si no voy en micro; está perfecto el viaje porque te subís a las once, dormís y te despertás a las siete ya en Bahía. Este año fui por primera vez en avión, mi papá me regaló el pasaje para mi cumpleaños, ¡estuvo buenísimo! Nunca había viajado en avión pero supongo que es el viaje perfecto porque dura 45 minutos, así que despegás que es lo más lindo, te tomás un café, mirás un rato el cielo por la ventanilla y ya llegaste. En cada visita encuentro diferencias, pero más de percepción que otra cosa. Básicamente, que Bahía se me hace siempre querida pero más ajena, ya no es mi casa. Y que mi sobrino crece rapidísimo, era un bebé cuando me fui y ahora tiene tres años. Claro que me gustaría ir más seguido, sobre todo para ver a la gente y para que Lucas se acuerde que soy la tía, ¡todavía no me reconoce! Pero me parece que me quiere, como que adivina que soy la hermana del papá.

¿Pensás en volver a vivir en Bahía?

¡No, Bahía de nuevo por ahora no! Al menos por unos años. Porque acá me hice una vida que no podría tener allá, sobre todo en el cine. Aparte ya viví en ocho casas diferentes, tanto en Bahía como en Buenos Aires, o sea que mudarse me parece normal. Y lo que está bueno es que siempre te terminás sintiendo en casa, en parte por los amigos, que se vuelven un poco una familia.

¿A qué amigo tuyo pensás que le gustaría vivir allá?

Mmm, a ninguno… no es por subestimar la ciudad, que me encanta y me parece un lugar ideal para vivir en muchos sentidos, ponele, si tenés hijos. Pero mis amigos son artistas, o periodistas, o escriben, y para esas cosas está bueno vivir en Buenos Aires (de hecho a los que viven allá, que hacen historietas o son músicos, trato de tentarlos para que se vengan, ¡re traidora!). No solamente porque te podés juntar con gente que hace cosas sino porque la ciudad te estimula, a veces a lo bruto; o sea, por momentos sentís que te pone una trompada. Pero en todo caso eso te cambia, y está bueno cambiar. Bueno este final me salió medio de autoayuda, tengo esa tendencia.

¡Gracias Marina!

  • 6 months ago
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Una idea de Violeta Castillo y Lucas Garófalo. 

Ayer un blog, hoy un programa de radio: sábados de 18 a 21 (hora argentina) por Nacional Rock, con Lucas Garófalo, Leandro Aspis, Agustina Gewerc y Violeta Castillo.
 

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