Freelancers #03: Julia González

Algo que pasa cada vez más seguido entre los lectores de Los caracteres (y nos gusta mucho que pase), es que se sienten inspirados por alguna de las mini entrevistas en particular, y mandan un tuit a @loscaracteres ofreciéndose a contestar. Fue más o menos el caso de Julia, poeta y periodista –a quien probablemente hayan leído en el Suplemento No de Página 12– que tiene unas cuantas cosas para decir sobre el ritmo de vida freelancer. Estas cosas:
Hola Julia. ¿Cuánto hace que trabajás freelance?
Hace siete años trabajo religiosamente todos los días desde mi casa, sin horarios ni orden, cualidades que definen a un freelancer. En realidad no decidí trabajar de esta manera, sino que se fue dando a medida que iba pasando el tiempo y ningún medio estaba dispuesto a contratarme tiempo y sueldo completo. Empecé en una revista de deportes, luego en el suplemento No del diario Página 12, y se fueron sumando revistas, aparecía una y desaparecía otra. ¡Hasta hice notas de economía! Al comienzo me copaba la idea de escribir desde mi casa, era el sueño del pibe, sobre todo cuando venís de laburos pocos felices de oficina y con mucha carga horaria. Pero este último año, y después de haber hecho una suplencia como editora en el grupo Veintitrés, viví el fascinante mundo de la redacción, con lo cual ahora me siento sola en mi casa. Siento que se me descontrolan los días y estoy en condiciones de afirmar que me gustaría dejar de orbitar para tener horarios e interactuar con gente. Me vino a la cabeza esa canción de TTM: “no se puede hablar con el televisor, el cura no te escucha”. Bueno, igual no tengo tele.
¿Cómo organizás tu día?
Me levanto cuando me despierto, raras veces pongo el despertador, salvo que tenga que hacer algo muy temprano o me haya acostado muy tarde. No me gusta dormir hasta tarde porque me siento una larva todo el día. A la mañana hago las cosas de la casa, no mucho porque mi casa es chiquita, algún que otro trámite, y me pongo a trabajar después de almorzar. Para mí es un arma de doble filo, porque a veces se me pasa el día y entre una cosa y otra recién me pongo a laburar a las nueve de la noche. O dejo para mañana lo que pude haber hecho hoy.
¿Para cuántos lugares trabajás ahora?
En este momento trabajo para cuatro o cinco lugares diferentes: Página 12, grupo Veintitrés y sigo con la revista de deportes, aunque a veces surge alguna que otra nota para otro lado.
¿Cuál fue el trabajo más extraño que te encargaron?
Una nota de calzados para deportes, así la revista podía vender pautas publicitarias. No lo acepté porque tenía que hacer básicamente un laburo comercial y para eso soy malísima. Otro trabajo que me encargaron, fuera de lo que son los medios, fue escribir para un diccionario punk de una editorial española. Lo acepté porque tenía que investigar y eso me copa. No fue por la plata porque tardaron más de dos años en pagarme. ¡Pero me pagaron!
¿Cuánto fue lo máximo que te atrasaste en el pago del monotributo?
Un montón, perdí la cuenta. Pero un verano me avisan de Página 12 que me habían dado de baja en la AFIP. “El horror”, pensé, y fui toda temerosa a ver qué había pasado. Ya me veía pagando sumas extraordinarias de dinero que iba a tener que pedir prestado. Pero no, me habían recategorizado y perdonado la deuda: unos copados. Ahí empecé de cero y ahora estoy al día, y aunque parezca una banalidad, eso me hace feliz.
¿Cuánto fue lo máximo que estuviste sin trabajo?
Por suerte desde que empecé no estuve sin trabajar. Cuando decaía el trabajo y no podía pagar ni internet o tenía que volver a lo de mi viejo, buscaba laburo de otra cosa. Estuve en Yenny un verano donde me explotaron por once horas diarias en vísperas de fiestas, y cargando órdenes de laboratorio en una prepaga. Pero en un momento tuve que largarlo porque no me permitía dedicarme al periodismo. Con estos vaivenes laborales bajaba mucho de peso porque el menú siempre era arroz. Con el tiempo aprendí a aceptar que algunas épocas son mejores que otras. Y simplemente hay que transitarlas con alegría.
Si pudieras elegir: ¿cuál sería tu dinámica de trabajo ideal?
Mi dinámica de trabajo ideal sería trabajar de lunes a viernes por la tarde en la redacción para dedicarme a la huerta orgánica fuera de Capital algunos días por las mañanas. Poesía puedo escribir en cualquier momento, hasta durmiendo. Me encanta trabajar porque amo lo que hago. Sería genial unir mis tres amores: la poesía, el periodismo y el vegetarianismo. Y no morir de hambre en el intento.
¡Gracias Julia!
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