Los caracteres

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  • Programa del sábado 25 de mayo: CocinerosLos caracteres
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Acá les dejamos el programa del sábado 28 de mayo, dedicado a los cocineros. Primero hablamos con Carla Morales, fundadora de la Parrillita Transeunte, la primera y única parrilla atendida por personas trans. También con Diego Suárez, que alguna vez trabajó en la cocina de un McDonald’s y nos contó cosas bastante escabrosa (como por ejemplo que si dejás la hamburguesa treinta segundos de más en la parrilla, queda del tamaño de una moneda). Durante la última hora lo llamamos a Takehiro Ohno, cheff japonés (quizás lo conozcan por su programa en el canal Gourmet) especialista en comida vasca. Es divino, nos trató con mucha amabilidad, nos contó que su historia es como la de Karate Kid y nos dio unas cuantas enseñanzas para la vida en general. Un hombre muy sabio.

Entre todo eso, tuvimos nuestra habitual ronda de recomendaciones (el invitado Diego Trerotola nos hizo descubrir los panchos Wini con cheddar caliente, que se consiguen solo en estaciones de subte), la visita de nuestra economista favorita Mercedes D’Alessandro para hablar sobre el índice Big Mac, debates, juegos, un radioteatro y más. Ojalá que lo disfruten, y recuerden que pueden escucharnos todos los sábados de 18 a 21 (hora argentina), por Nacional Rock, FM 93.7 o directamente acá: ow.ly/a8zIn.

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  • 1 year ago
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  • Oscar Fariña en Los caracteres

Si todavía no pudieron escucharnos en la radio y se estaban preguntando qué tal sería el programa, acá les dejamos diez minutos del sábado pasado, hablando con Oscar Fariña sobre su increíble historia de exiliado, que incluye un cruce de frontera en bote, bajo la lluvia, de manera ilegal, a los dos años de edad. Gánenle a eso. Que lo disfruten, y recuerden que vamos todos los sábados de 18 a 21 (hora argentina) por Nacional Rock, 93.7 (online acá: ow.ly/adHbO). 

  • 1 year ago
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Coleccionistas #06: Nicolás Artusi


Hace un par de semanas a Lucas le encargaron la tarea de entrevistar a Nico Artusi, conductor de Su atención por favor y Brunch, para hablar principalmente sobre su faceta de sommelier de café. En un momento de la charla, muy al pasar, mencionó que tenía diecisiete cafeteras, y automáticamente quedó fichado para Coleccionistas. A la semana siguiente lo entrevistamos al aire en nuestro flamante programa de radio, que, como ya deberían saber, va todos los sábados de 18 a 21 por Nacional Rock. La cuestión es que Nico se negó a asumirse como coleccionista, a pesar de no conocer a nadie que tenga más cafeteras que él mismo. Hay que gente que es negadora por naturaleza…

Hola Nico ¿Qué coleccionás?

Ya discutimos este punto, je. Soy de la especie de coleccionista que no se asume como tal. En fin, diría: tengo diecisiete cafeteras. Ahora, dieciocho. Soy sommelier de café y, a diferencia del té, que no ofrece demasiadas variaciones en la preparación, en el café hay muchísimas posibilidades: espresso, de filtro, con cápsulas, en prensa francesa, con cafetera italiana, etc. Según el método de preparación, cada café es distinto: ¿qué tiene que ver el tónico reconcentrado de una máquina express con el jugo de paraguas de una máquina de filtro? En mi afán de completitud, me jacto de tener una cafetera de cada sistema. Bueno, unas cuantas. Empecé hace varios años y, si bien las dimensiones de mi cocina me exigen que termine de una vez por todas con la tarea, sigo agrandando la familia.

¿Cuál es la pieza de tu colección que te da más orgullo?

La más sencilla: una cafetera tipo pava de color rojo furioso, enlozada y con un diseño exquisito, que compré en París. La tienda se llama Cafés Richard y es un localcito con boisserie de madera y tolvas de vidrio donde guardan los cafés. Pasé por la puerta y la cafetera se me insinuó desde la vidriera. Fue amor a primera vista. Puesto ambicioso, codicio una cafetera La Marzocco, belleza italiana que nació en 1927 pero se mantiene con la lozanía de Sofía Loren.

¿Cuánto creés que valen tu colección?

Nunca la coticé, ni siquiera mentalmente. Está en mutación constante: me regalan cafeteras y yo regalo. Nunca vendería ninguna.

¿Cuánto espacio ocupa? ¿Es un problema a la hora de la convivencia?

Vivo solo y eso podría ser tanto una ventaja como una condena para aquel con afanes acumulativos. Las cafeteras están en la cocina, dispuestas sobre la mesada y sobre un banco de madera reconvertido en mesa, alargado y dispuesto contra una pared, que replica la isla de infusiones que te recibe cuando entrás en una convención o en el desayuno continental de un hotel. Sólo una pequeña cafetera de cápsulas, portátil y (curioso) también de color rojo, se acomoda en un rincón de la mesa donde escribo: me provee de café sin interrumpir mis infrecuentes hemorragias creativas.

¿Perdiste alguna parte de tu colección?

Perdí de la manera más cruel: transportando una bonita prensa francesa, la torpeza de mis manitos trémulas destrozó el cilindro de vidrio, que terminó estrellado contra el piso del palier de mi edificio. Fue doloroso, pero estoy haciendo avances en mi trabajo de desapego de los objetos materiales.

Si tuvieras que empezar una nueva colección hoy mismo, ¿qué coleccionarías?

Tazas de café. Pero por los motivos antes mencionados, creo que primero debería acondicionar una habitación de mi casa con pisos alfombrados y paredes de algodones.

¡Gracias Nico!

    • #Coleccionistas
    • #Nicolás
    • #Artusi
  • 1 year ago
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Nombres raros #09: Ariel Diego Sol “Shams” Faure


¡Salen de debajo de las piedras! No hicimos más que inaugurar esta sección y al toque se empezaron a acercar personajes con nombres de todos los colores. Hoy le toca a Shams, que oficialmente no se llama Shams sino Sol, que es igual de raro para un hombre. Lo gracioso es que primero no lo dejaban anotarse como Shams porque no tenía antepasados árabes, así que le pusieron Sol, que es la traducción. Pero después tampoco lo dejaban anotarse como Sol, porque no definía género. Así que finalmente tiene tres nombres, pero no usa ninguno. ¡Extremo!

Hola Shams. ¿Cuál es la historia detrás de tu nombre?

Cuando nací y me llevaron a la nursery estaba rodeado de otros bebés que eran de tez más oscura que la mía (soy extra blanco) y una amiga de mi mamá, una de las primeras personas que me vio –y que estudiaba árabe–, le fue a decir que era un “Shams”, que quiere decir “Sol”. Mi papá ya me quería poner un nombre relacionado con el sol y estaba pensando en Febo. Por suerte declinó la idea y fueron por Shams. La antigua ley no permitía anotar un hijo con un nombre en un idioma extranjero si no había antepasados de dicho país. Por ejemplo: no te podías anotar como Santino si tu familia no era italiana. La mía no tiene nada de árabe, por lo tanto me tuvieron que anotar con la traducción. Pero Sol es un nombre unisex, y es obligación anteponerle otro nombre que defina género. En mi caso eligieron Ariel, por el médico que asistió el parto de mi mamá, y Diego porque les gustaba de antes. Así quedo en el DNI: Ariel Diego Sol Faure. Toda la vida en mi casa, en el colegio y donde fuera me llamaron Shams y nunca por mis otros nombres.

¿Cuál es la confusión más habitual que se genera?

Contantemente hay que repetirlo y deletrearlo para que sepan cómo se escribe. La confusión más común es que piensen que es un nombre americano y me digan “James”, o que es francés y escriban “Champs”, por Champs-Élysées. Y cuando decís que es con “h” la suelen poner en cualquier lado.

¿Cuándo te diste cuenta de que tu nombre era inusual?

En primer grado. Colegio de varones. Me comí una buena gastada, primero por llamarme Shams, y después por explicar que quiere decir Sol.

Ventajas y desventajas de un nombre extraño:

Ventajas: mi nombre no se lo olvidan más. Sirve de tema de conversación en los boliches. Solo hay uno con tu nombre (igual acá hay que tener cuidado para no quedar pegado). Los diminutivos o deformaciones cariñosas de Shams suelen ser muy graciosas. Desventajas: Hay gente que alguna vez escuchó tu nombre y se lo acuerda pero no te conoce. Hay que repetir o contar la historia del nombre al menos una vez con cada persona que conocés. Tengo que explicar que no soy árabe. Hay que especificar que soy hombre porque el nombre puede ser válido para mujer también.

¿Te gusta llamarte así?

Me encanta. Me gusta que mi familia me haya elegido un nombre que tiene una historia relacionada a mí y a ellos. Además el sol es un elemento fuerte en muchas culturas y es lindo llevarlo como nombre. Tuve la posibilidad de cambiarme el nombre oficialmente cuando cumplí diecisiete años y saqué el nuevo DNI, pero era un trámite muy engorroso y no tenía ningún sentido porque igualmente todos me llaman Shams.

¿Elegirías un nombre poco común para tus hijos?

Sí, me gustan los nombres raros. Le pondría uno a mi hijo pero me fijaría que fuera fácil de escribir.

¡Gracias Shams!

    • #Nombres raros
    • #Ariel
    • #Diego
    • #Sol
    • #Shams
    • #Faure
  • 1 year ago
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  • Los caracteresVioleta Castillo y Leandro Aspis

Acá les dejamos el tema de apertura del programa de radio de Los Caracteres. Letra y música de Viole, grabación e ideas varias de Lean Aspis. ¿Es un hit o qué? 

  • 1 year ago
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¡Hoy empieza el programa de radio! Vamos de 18 a 21 (de Argentina) por Nacional Rock 93.7, y también pueden escucharnos online acá:http://ow.ly/9ZNhc :)
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¡Hoy empieza el programa de radio! Vamos de 18 a 21 (de Argentina) por Nacional Rock 93.7, y también pueden escucharnos online acá:http://ow.ly/9ZNhc :)

  • 1 year ago
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Nombres raros #08: Eddie Babenco


Cuando apareció la sección de nombres raros, Eddie dejó un comentario en Facebook que decía “somos una legión”. Recién ahí caímos en la cuenta de que lo suyo no era un apodo, y nos lamentamos por haberlo quemado previamente en Futbolistas. Así que hoy aprovechamos la semana de los repetidos para darnos este pequeño gusto. La historia del encuentro con Eddie Sierra es hermosa. De paso, sepan que pueden escuchar a Eddie en Blue Edición Limitada de lunes a viernes de 16 a 19.

Hola Eddie. ¿Cuál es la historia detrás de tu nombre?

Pido perdón de antemano, pero la verdad es que mi nombre no tiene mucho para contar en ese sentido. Sobre todo porque el argumento de mis viejos es tan simple como que les gustó y que no había apócope. Les doy la derecha en esa porque nunca tuve un apodo.

¿Cuál es la confusión más habitual que se genera?

Lo tengo que repetir mil veces, deletrear, explicar, volver a deletrear, y bancarme la cara burlona del tipo del otro lado del mostrador, del escritorio o la que me imagino del otro lado del teléfono. Tener un nombre no ordinario es engorroso y molesto. Lo digo así sin vueltas para los padres que juegan a la excentricidad con sus hijos. Amo a mis viejos con todo, pero se fueron un toque al carajo. La típica es pensar que me llamo Eduardo o Edgardo y que me hago el interesante poniéndome un apodo. Freddy, Andy, Rody, Rudy, Sebi son las confusiones más comunes, en ese orden. Pero más que confusiones, tuve decepciones. Dos que me acuerdo: una fue laburando, entrevisté a Eddie Sierra, que fue el nombre con el que más me jodieron siempre. Pensé que era uno que estaba en la mía, harto como yo, y el tipo me dice “Nooooo, Eddie no es un nombre, yo me llamo Eduardo”. “¿¡No es un nombre?! ¡La puta que te re mil parió! Vos le vendiste tu música a las tabacaleras y a Telenoche, los dos dan cáncer, Pappo tendría que bajar y romperte la cara”, pensé. Pero no se lo pude decir porque era un invitado en el programa. La segunda fue en Nueva York. Crecí comiéndome la película de que Eddie era un nombre norteamericano, así que viajé pensando “acá sí”. Eddie Vedder, Eddie Van Halen, Eddie Murphy, Eddie Aikau… Me alojó una chica que vivía allá. Cuando me presenté, confiado, me dice: “acá nadie se llama Eddie, Eddie is not a name”. ¿¡Not a name?! ¡The bitch that gavet housand birth to you!

¿Cuándo te diste cuenta de que tu nombre era inusual?

No tengo un recuerdo claro. Pero lo empecé a sufrir desde que arranqué con el asunto de ir a bailar, ir a fiestas, etc. La mayoría de las veces mentía. Si lo mío fuera memorable, esas pocas chicas que cedieron por cansancio pensarían todavía que me llamo Juan. En cambio ahora cuando pido delivery o dejo ropa en el lavadero digo que me llamo Eduardo. Es mi alter ego barrial.

Ventajas y desventajas de un nombre extraño:

La ventaja en la que podrías pensar, un nombre que tiene más poder, más presencia, por la sola ausencia de normalidad, no es cierta. La gente se olvida de mi nombre como se olvida el de los Franciscos o el de los Carlos. Algunas cargadas tuve porque mi nombre también es un nombre de mujer para, por ejemplo Edie Brickel. “Pero para mujeres es con una sola d”, tengo que aclarar sintiéndome un tarado de tiempo completo.

¿Te gusta llamarte así?

No se trata de gustos, a mucha gente no le gusta llamarse Ricardo. A esta altura no me molesta llamarme como me llamo, pero sí me incomoda. Cambiármelo sería más trabajoso todavía, hacer mil colas para el DNI, el pasaporte, todos mis documentos anteriores, tarjetas de crédito, diplomas, prontuarios varios, mi camiseta de fútbol del torneo “Amadeo Carrizo”… Odio las colas y la burocracia mucho más que llamarme como me llamo.

¿Elegirías un nombre poco común para tus hijos?

Esta es la parte en la que todo se va al carajo, porque mi hija no se llama Inés o Sofía. Se llama Nina. En mi defensa puedo decir que si bien no es de lo más habitual, sí es fácil de entender y de escribir, es simple, corto y sin vueltas. Ya tendrá tiempo para pasarme las facturas correspondientes, pero antes va a tener que sufrir ella también el karma de explicar cómo se escribe el nombre de su papá.

¡Gracias Eddie!

    • #Nombres raros
    • #Eddie
    • #Babenco
  • 1 year ago
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Futbolistas #16: Marina Alurralde


Sigue adelante la semana de los repetidos. Esta vez le toca a Mari, que originalmente apareció en Cocineros, en lo que en su momento fue una decisión dificilísima. Sin dudas es la persona que más banquetes nos ofreció, pero también es cierto que los primeros años de amistad con Lucas fueron cimentados por partidos de fútbol mixto sin los cuáles hoy no serían las mismas personas. Esta noche van a ir juntos a la Bombonera a hinchar por Boquita en un partido clave de Copa Libertadores, por si hacía falta una razón más que justificara su presencia en esta sección.

Hola Mari. ¿Cómo aprendiste a jugar al fútbol?

Jugué por primera vez en las olimpiadas del colegio, las de tercero o cuarto año. Las olimpiadas eran en Ciudad Universitaria y duraban todo el día (no había clases), pero las finales eran al día siguiente, así que si clasificabas, faltabas al colegio dos día seguidos. Llegamos a la semifinal, donde el chico que me gustaba hizo de réferi. Con todo eso en juego, me desempeñé muy mal, casi al punto de poder decir que aunque correteé por la cancha no jugué. La semi se definió por penales, mi amiga Luciana convirtió el suyo pero el referí no lo vio (real, no vio un penal pateado en una definición por penales) y a partir de ahí el recuerdo se oscurece, pero lo que sí pasó es que o ganamos o yo me pasé al equipo que ganó, porque al otro día no fui a la escuela. Sin contar esa incursión, jugué por primera vez hace 7 u 8 años, después de recibir una invitación de Romi Auerhan en ocasión de comer las pizzas a las que me refiero en mi aparición en #Cocineros. El debut fue en un partido mixto y yo fui con shorts de jean. Desde entonces aprendí jugando —mención especial para mi coach in situ Naza Brega—, y mirando fútbol metódicamente: Boca (toda la Primera en realidad), ligas y copas extranjeras, todos y cada uno de los partidos del Mundial, etc. Si, como yo, sos tan poco hábil que casi es adorable, ver fútbol te ayuda a entender lo que tenés que hacer en la cancha y compensar con la cabeza lo que los pies no saben hacer, aunque sea un poquito.  Así que sí, aprendí a jugar como aprendí todo lo demás, estudiando.

¿Cuánto fue lo máximo que estuviste sin jugar?

Sin contar los primeros dieciséis años de mi vida, ni los cuatro siguientes, lo máximo que estuve sin jugar fue un año, quizás unas semanas más. Siempre que paso un par de semanas sin jugar, siento las consecuencias en el cuerpo, con un poquito de delay. Si jugamos el miércoles, el viernes cuando subo la escalera me duelen las piernas. Pero lo peor no es lo físico. Cuando vuelvo a jugar después de un tiempo largo, no entiendo nada,  no sé dónde pararme, a quién marcar, no sé si salir o esperar. Siento que me olvidé de cómo jugar al fútbol, y los instintos tardan un par de partidos en volver. Creo que eso es lo que pasa con los instintos “adquiridos”.

¿Cuál fue la peor patada que te dieron?

Creo que es muy fácil sacarme la pelota y debe ser tierno verme tratando de gambetear, así que no me pegan muy fuerte. Además, hace tiempo ya que cuando veo venir a alguien “bruto” me corro. Es cobarde, sí, pero gracias a eso no tengo casi nada que contestar a esta pregunta. Igual me acuerdo de un partido mixto en el que estaba en el arco y me tiré a agarrar una pelota, ya en el piso, Anita Rivoira quiso agarrar el rebote, pero no hubo rebote, y su patada le pifió a la pelota y agarró de lleno mi boca llena de brackets.  Esa es la historia de por qué no voy al arco.

¿Cuál fue la mayor bronca que te agarraste? ¿Hubo piñas?

Como cuenta Romi Auerhan, los partidos de chicas eran increíbles. Como eran todas amigas de ella, yo en general era una testigo muda de las agarradas, que empezaban a los gritos en la puerta del polideportivo cuando alguna llegaba tarde, y terminaban con corto mano – corto fierro cuando se cobraban fules o outballs polémicos. Pero si bien nunca me peleo, muchas veces me enojo. Mi talón de Aquiles son las chicas que un poco se abusan de serlo, y que cada vez que les quitás la pelota o te van a marcar te llenan de patadas, o que le pegan al arco desde cualquier lado aunque vos te hayas hecho el pique de tu vida y estés sola. Esas conductas son, quizás razonablemente, toleradas por los varones, que son más habilidosos, pero me molesta que me lo hagan a mí que lucho contra las mismas limitaciones que ellas y sin embargo soy cuidadosa y generosa en el arco rival.

¿Cuál fue el mejor gol que hiciste?

Al principio jugaba abajo y hacía un gol cada mil años. Los primeros que hice me parecieron todos increíbles, pero vistos a la luz de la experiencia, quizás fueron una síntesis de la habilidad de mis compañeros y compañeras para aguantar una pelota hasta que yo me dignara a llegar sola al arco, o para lograr que un centro me rebote en el pie, y de la bondad de los arqueros de turno (que tal vez más que ser buenos estaban hartos de estar en el arco). Con el tiempo mejoré, me fui a jugar al medio y arriba e hice muchos más goles, algunos buenos, con algunas pelotas que robé en el medio y llevé hasta el arco donde definí bien. Pero el mejor gol fue así: estábamos sacando desde el círculo central después de que nos convirtieran y yo recibí el primer pase, cuando levanté la cabeza vi a la arquera un poco adelantada y me animé a una vaselina que se le coló por arriba de la cabeza y se convirtió en mi mejor gol y en uno de los diez mejores momentos futbolísticos de mi vida (cuenta acá Boca saliendo campeón de la Libertadores y eso). Esa noche en el tercer tiempo les pedí a todos que twittearan mi hazaña, así que hay pruebas.

¿Con quién te entendiste mejor dentro de una cancha?

Con mi Oliver Atom, Nenet. Que corre todos mis pases en profundidad, me devuelve todas las paredes y que entiende todas mis señas ridículas. Aunque pasen meses sin que juguemos juntas siempre nos reencontramos bien adentro de la cancha, sabemos dónde está parada la otra. Ella es la Ronaldo de mi Zidane.

¿A qué edad te diste cuenta de qué ya no ibas a poder ser jugador de fútbol profesional?

Siendo una chica que arrancó a jugar pasada la adolescencia, siempre supe que no iba a ser una jugadora profesional. En realidad, ya lo sabía a los seis u ocho años, cuando quedó claro que mi talento para los deportes era nulo (lo que el fútbol atenuó en parte). Sin embargo, tengo una fantasía muy vergonzante en la que por una serie de casualidades termino con un trabajo menor en un cuerpo técnico y alguna catástrofe no trágica (ejemplo: el técnico y sus ayudantes se quedan encerrados en un ascensor durante 4 meses) me da la oportunidad de brillar, termino sacando campeón al equipito en cuestión (que siempre es un equipito que sin mis métodos revolucionarios alla Moneyball no tenía chances) y sus hinchas me aman incluso cuando los dejo para irme a dirigir a Boca, donde gano todo y me retiro gloriosa (nunca agarro la selección porque no es Boca). Todavía no descarto este destino, así que no tengo ninguna decepción de la que recuperarme.

¿Qué es lo peor de ser el organizador del partido?

Organizar un partido es un rol del que huyo y que rara vez me toca. Aun así, creo que lo peor es la informalidad ajena. Las personas que dicen que van y no van, o que llegan tarde, o que te preguntan si se cancela o se juega como si fuera tu decisión, como si fuera tu partido y ellos unos invitados. Y otra de las peores cosas de organizar un partido es que Viole no vino nunca y Lucas no viene más :(

¡Gracias Mari!

    • #Futbolistas
    • #Marina
    • #Alurralde
  • 1 year ago
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Exiliados #19: Martín Crespo


Martín es la razón por la cual decidimos hacer una semana con repetidos. Apareció originalmente en la sección Futbolistas (con una foto increíble), y cuando sumamos la de Exiliados dijo “uh, justo que yo soy Crespo de Crespo”. Obviamente merecía doblete.

Hola Martín. ¿De dónde sos?

Soy de Crespo, Entre Ríos. Sí, Crespo de Crespo. Capital Nacional de la Avicultura. Una ciudad de veinte mil habitantes, a cuarenta kilómetros de Paraná.  Toda la infancia conviví con el chiste de “te pregunté por tu apellido, no en dónde vivís”, para más adelante venir a Buenos Aires y pasar al “¿sos el dueño del pueblo?”. Lo cierto es que, lamentablemente, no lo soy, pero como premio consuelo soy el primer Crespo nacido en Crespo. Los anteriores Crespo, los millonarios, eran los dueños de los campos y nunca llegaron a vivir en la ciudad propiamente dicha. Me vine a Buenos Aires a los veintiuno, a estudiar periodismo deportivo. Vine ya con un trabajo seguro en el depósito de una empresa de allá que fabrica cámaras frigoríficas. No recuerdo en qué vine, pero intuyo que en colectivo, aunque los primeros años, mientras tuve este primer trabajo, iba y venía en los camiones de la empresa en la que trabajaba.

¿Te encontraste con algo muy diferente a lo que esperabas?

Ya conocía Buenos Aires. Mi abuela (la mamá de mi papá) siempre vivió acá, en Avellaneda y Lomas de Zamora (de ahí solo recuerdo un restaurante japonés con todas las paredes firmadas), así que casi todos los veranos veníamos a pasear con mi familia, y un par de veces vine solo, a recorrer la Bond Street, a comprar cassetes y volver al pueblo. De todas maneras, el comienzo se hizo difícil porque trabaja y vivía en el mismo lugar, en Villa Celina, estudiaba en el centro y pasaba el fin de semana en Avellaneda. En Villa Celina a veces me quedaba solo en un depósito gigante y otras veces compartía el lugar con los camioneros o armadores de cámaras que venían a Buenos Aires. Esos eran los días más divertidos porque tipo siete de la tarde recibía una batiseñal para prender el fuego y un rato más tarde llegaban de la obra y se armaban unos asados terribles. Lo hacíamos afuera, al aire libre y los vecinos aprovechaban a salir también porque decían que con nuestras caripelas en la calle, se sentían seguros de que no iba a pasar nada. Petróleo, Taruli, La Nutria, El Piojo, El Flaco, eran los apodos de mis compañeros de trabajo, la pasábamos muy bien. Se miraban religiosamente todos los partidos de fútbol, se cocinaba y se hacían algunas jodas como despertar a alguno antes de la hora que correspondía.

¿Cambiaron mucho tus costumbres?

Básicamente lo que cambió es que pasé a vivir en una ciudad gigante, en la que tenés que moverte en bondi para llegar a lugares, mientras que antes lo podía hacer todo caminando. Y que al principio también tenía que combinar estudio con un trabajo que era exigente en lo físico. Creo que no extrañaba nada más allá de las personas. La pasaba muy bien en ese momento, porque además un grupo de amigas se había venido a estudiar y se armaban salidas a El Codo. También tuve que hacerme amigos nuevos, pero eso fue lo más sencillo. A pesar del prejuicio que los provincianos tenemos sobre la hostilidad de Buenos Aires, la gente acá es buena onda, te suma a sus planes, etc.

¿Con qué frecuencia volvés de visita?

Ahora estuve el fin de semana largo de cuatro días, y voy bastante seguido. Más o menos cuatro o cinco veces por año. Viajo en micro (coche cama) y el viaje dura un poco más de seis horas (para un poco más de 500 km). Cuando voy, paso la mayor cantidad de tiempo con mi familia (mis viejos, mi hermana y su esposo, y principalmente con mis dos sobrinos) y con algunos amigos que conservo de la infancia y la secundaria. Cada vez que voy, primero no conozco a nadie en la calle (en una ciudad en donde antes conocía a todos) y la encuentro más grande, con mucha construcción.

¿Pensás en volver a vivir en Crespo?

Creo que no voy a volver. Ya estoy instalado acá hace quince años. Me dedico a cosas en las que Buenos Aires ofrece más oportunidades y mis amigos están acá. Lo único complicado es que no veo tanto a mi familia, pero eso se compensa (un poco al menos) desde que mi hermano menor (Edu) vive acá también y mi hermano Marcos vive en Escobar. ¡Veremos si no cambio de parecer en unos años!

¿A qué amigo tuyo pensás que le gustaría vivir allá?

No se me ocurre un amigo en particular, pero sí creo que es un buen lugar para vivir con niños. Así que si tienen hijos, vayan comprándose un terrenito.

¡Gracias Martín!

    • #Exiliados
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  • 1 year ago
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Freelancers #06: Juan Manuel Domínguez


Resulta que cuando Juanma contestó el cuestionario de Exiliados, todavía no existía el de Freelancers. Nos parecía una picardía privarnos de sus respuesta en lo relativo a esta sección, porque es uno de los freelancers más extremos que conocemos, así que decidimos repetir un personaje por primera vez. En algún momento iba a pasar. Pero como para darle más peso a la decisión, esta semana va a estar dedicada íntegramente a los repetidos: gente que ya pasó por alguna sección, pero a la que le daba el cuero para reaparecer. Empecemos…

Hola Juanma. ¿Cuánto hace que trabajás freelance?

Digamos que dos años, o un poco más. Sinceramente, llegué a un punto donde tenía los huevos congestionados de mi ex laburo (como siempre, en el recuerdo, mega precioso) y tenía mucho laburo escribiendo. Entonces me tiré el (free)lance de ver qué onda esto de ser tu propio jefe y, al mismo tiempo, tener seis jefes distintos. Elección y necesidad. Digamos que ser freelance consiste en tres laburos: conseguir el laburo, hacerlo y, oh my gosh, cobrarlo. Y uno de esos tres, “el hacer el laburo”, me permite laburar en pelotas en casa con una cerveza, o clavarte una siesta, o manejar tus tiempos. Igual a veces termina siendo contraproducente: querés no laburar pero sabés que es tipo tacho, prendes la luz y, con suerte, facturas. 

¿Cómo organizás tu día?

Manejar tus propios tiempos, más que un arma de doble filo, es una bomba nuclear que ya cayó y vos vas mutando con esa radiación. A mí, por temporadas, me hace un Señorito de Casa, hacés mandados, hacés todo reflasheando “Uh, la estoy rompiendo”, tipo clip de crecimiento en las películas. Y después te pinta Tazmania y terminás laburando con una caja de pizza a los pies (no diré que todas las pizzas que he comido en mi vida no tenían huellas de mi dedo gordo, tampoco diré lo contrario). O decís: total no respondo a nadie. Y te dormís en conserva, pasado de chupi, y al otro día es como si te largaran contra Batman y tu entrenamiento fue ver una publicidad de Llame Ya! de algo que parece hace músculos. Aparte tenés cosas que te regulan horarios: tu clase de entrenar chimpancés, tener que ver (soy crítico de cine) tal cosa o ir a entrevistar a tal, te inventás un cronograma irracional que ves como ocupado y puede decir cosas como “10.00: Alvin y las ardillas 3”, “13.30: Dermatólogo”, “14.30: Comprar discos vírgenes”, “15.30: Al Pacino vs las botellas que sobran cuando haces la jarra loca”, “18:00: Entrevista telefónica con Joe Cocker”, “20:00: Presentación de Pantalla Otro Festival donde vas a ver si pegas algo” y así. De hecho, ahora laburo más que cuando tenía horarios. Y gano menos. ¡Hey! ¿La rompo o qué?

¿Para cuántos lugares trabajás ahora?

El abogado del Sr. Domínguez recomienda no mencionar la totalidad de lugares. Más allá de la nota adjunta, va rotando. Hay cosas fijas, en Perfil, que paga el alquiler, después está Inrocks y después las cosas que aparecen. Festivales, Bacanal, digamos –señores y señoras que leen esto y pueden pagarle a un freelancer- que mientras no me pidan escribir en “Tráfico de Niños Hoy”, allá ira mi siempre en deuda facturero.

¿Cuál fue el trabajo más extraño que te encargaron?

Tengo un amigo, Juan Pablo Martínez, con quien parece que tenemos nombres similares (para quienes recién sintonizan, mi nombre es Juan Manuel Domínguez): dicho esto, una vez me llaman de Coca-Cola, por un proyecto, de elegir unos clips. Ok, casi una semana después: “Che, pensamos que eras Juan Pablo Martínez, te agradecemos igual”. Eso es extraño. A nivel extraordinario, por mi licenciatura en lo geek (mal dada, obvio), no es que me hayan pedido “¿Querés escribir 450 páginas sobre las pulgas?” (hay sí, cosas muy raras como escribir sobre VHS con espectáculos infantiles, o cosas así, que te sale un WTF de adentro) pero como laburo en espectáculos, y no hace tanto como para que me de igual, me sigue pareciendo marciano, no sé, haber hablado de Batman junto a Nicolas Cage, o que la Rana René, posta posta, te hable. Que Lisa Minnelli te diga mi nuevo amigo en Argentina, o haber hablado con Carpenter. Para mí esas cosas, posta, son como te salga Fanta de las uñas o cagar muñecos de He-Man, me parecen directamente de otra galaxia, soñadas, flasheadas. Y cuando, no sé, te dice “Che, es para hablar por teléfono con Ozzy” no es que se te frunce algo, pero nunca termino de creérmelo. 

¿Cuánto fue lo máximo que te atrasaste en el pago del monotributo?

Tengo un secreto, ahora que mi abogado está atado en el placard. Siempre voy unas cuotitas atrasadas (y hasta me salto un mes). Chicos ¡no intenten esto en la AFIP! Sigo sin poder convertirlo en costumbre, es como que lo siento tan racional como que te toquen timbre y te digan “Che, impuesto por haber visto Volver al futuro cuarenta veces”.

¿Cuánto fue lo máximo que estuviste sin trabajo?

Tengo que salir del closet. Soy un adicto al laburo. Fuerte. Siempre estoy laburando, y si no me lo invento (bah, cosas que se que puedo vender después). Es la parte más psicótica del freelance; te sentís un poco como esos vendedores de tappers de los ‘90, o los que vendían con su valijita puerta a puerta y que se ven en las películas de los ‘50 americanos. Plus, mi devoción por el millaje aéreo no ayuda a frenar.

Si pudieras elegir: ¿cuál sería tu dinámica de trabajo ideal?

Ideal: cerveza sin resaca. Después de ir a la ceremonia del Nobel del tipo que invente eso, me encantaría tener dos días donde pueda no laburar. Pero no tengo una dinámica perfecta. Creo que mecharla con una mini siesta, un reseteo del cucumelo, es vital, pero a veces no me cabe, si no es como si vas de la compu a la cama, y no mucho más. Frenar a las ocho, pase lo que pase. El temita es la adicción, ¿vio? Igual creo que la modificaría laburando con gente, como un Club Social de Freelancers, donde nos rescatamos entre nos.

¡Gracias Juanma!

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Una idea de Violeta Castillo y Lucas Garófalo. 

Ayer un blog, hoy un programa de radio: sábados de 18 a 21 (hora argentina) por Nacional Rock, con Lucas Garófalo, Leandro Aspis, Agustina Gewerc y Violeta Castillo.
 

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